fbpx

Día 19 – Historia de Rebeca y Jacob

Es la más elocuente prefigura de la esclavitud mariana en el Antiguo Testamento.

ORACIONES DIARIAS

Ave Maris Stella

Salve, Estrella del mar, Madre que diste a luz a Dios, quedando perpetuamente Virgen, feliz puerta del cielo.
Pues recibiste aquel Ave de labios de Gabriel, ciméntanos en la paz, trocando el nombre de Eva.
Desencadena a los reos, da luz a los ciegos, ahuyenta nuestros males, recábanos todos los bienes.
Muestra que eres Madre, reciba por tu mediación nuestras plegarias el que nacido por nosotros, se dignó ser tuyo.

Virgen singular, sobre todos suave, haz que libres de culpas, seamos libres y castos.
Danos una vida pura, prepara una senda segura, para que viendo a Jesús, eternamente nos gocemos.

Gloria sea a Dios Padre, Loor a Cristo altísimo, y al Espíritu Santo, a los tres un solo honor.
Amén.

Letanías del Espíritu Santo

V. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.R. Señor, ten piedad de nosotros.
Divino Espíritu Santo, óyenos.
Espíritu Paráclito, escúchanos.
Dios Padre Celestial,
R. Ten piedad de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad…
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad que sois un solo Dios,
Espíritu de la verdad,
Espíritu de la sabiduría,
Espíritu de la inteligencia,
Espíritu de la fortaleza,
Espíritu de la piedad,
Espíritu del buen consejo,
Espíritu de la ciencia,
Espíritu del santo temor,
Espíritu de la caridad,
Espíritu de la alegría,
Espíritu de la paz,
Espíritu de las virtudes,
Espíritu de toda la gracia,
Espíritu de la adopción de los hijos de Dios,
Purificador de nuestras almas,
Santificador y guía de la Iglesia Católica,
Distribuidor de los dones celestiales, ten piedad…
Conocedor de los pensamientos y de las intenciones del corazón,
Dulzura de los que comienzan a serviros,
Corona de los perfectos,
Alegría de los ángeles,
Luz de los Patriarcas,
Inspiración de los Profetas,
Palabra y sabiduría de los Apóstoles,
Victoria de los Mártires,
Ciencia de los Confesores,
Pureza de las Vírgenes,
Unción de todos los Santos,

Sednos propicio,
R. perdónanos Señor.
Sednos propicio,
R. escúchanos Señor.
De todo pecado,
R. Líbranos Señor.

De todas las tentaciones y celadas del demonio, líbranos…
De toda presunción y desesperación,
Del ataque a la verdad conocida,
De la envidia de la gracia fraterna,
De toda obstinación e impenitencia,
De toda negligencia y liviandad de espíritu,
De toda impureza de la mente y del cuerpo,
De todas las herejías y errores,
De todo mal espíritu,
De la muerte mala y eterna,
Por vuestra eterna procedencia del Padre y del Hijo,
Por la milagrosa concepción del Hijo de Dios,
Por vuestro descendimiento sobre Jesús bautizado,
Por vuestra santa aparición en la transfiguración del Señor,
Por vuestra venida sobre los discípulos del Señor,
En el día del juicio,

Aunque pecadores,
R. Te rogamos óyenos,
Para que nos perdones, te rogamos…
Para que te dignes vivificar y santificar a todos los miembros de la Iglesia,
Para que te dignes concedernos el don de la verdadera piedad, devoción y oración,
Para que te dignes inspirarnos sinceros afectos de misericordia y de caridad,
Para que te dignes crear en nosotros un espíritu nuevo y un corazón puro,
Para que te dignes concedernos verdadera paz y tranquilidad de corazón,
Para que nos hagas dignos y fuertes, para soportar las persecuciones por amor a la justicia,
Para que te dignes confirmarnos en vuestra gracia,
Para que nos recibas en el número de tus elegidos, te rogamos…
Para que te dignes atendernos,
Espíritu de Dios,

V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
R. Envíanos el Espíritu Santo.
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
R. Mándanos el Espíritu prometido del Padre.
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
R. Dadnos el buen Espíritu.
V. Espíritu Santo.
R. Óyenos.
V. Espíritu Consolador.
R. Escúchanos.
V. Envía tu Espíritu y todo será creado.
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos: Oh Dios, que aleccionaste a los corazones de tus fieles con la ciencia del Espíritu Santo, haz que guiados por este mismo Espíritu, apreciemos las dulzuras del bien y gocemos siempre de sus divinos consuelos, por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Letanías de la Santísima Virgen María

V. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.
V. Cristo, óyenos.
R. Cristo, escúchanos.

Dios Padre Celestial,
R. Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad…
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad que sois un solo Dios,

Santa María,
R. Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios, ruega por…
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre intacta,
Madre sin temor, ruega por…
Madre Inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen Consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso de honor,
Vaso insigne de devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consuelo de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los ángeles,
Reina de los patriarcas,
Reina de los profetas,
Reina de los apóstoles,
Reina de los mártires,
Reina de los confesores,
Reina de las vírgenes,
Reina de todos los santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina llevada al cielo,
Reina del Santo Rosario,
Reina de la Paz,

V. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,
R. Perdónanos, Señor.
V. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,
R. Escúchanos, Señor.
V. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,
R. Ten piedad de nosotros.
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oremos: Señor Dios, te suplicamos que concedas a tus siervos gozar de perpetua salud de alma y cuerpo; y que por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de la presente tristeza y gocemos de las alegrías eternas. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

Lista de reproducción de YouTube, Busca el Rosario del día.
Un rosario completo o al menos cinco misterios.

Oración de María para sus fieles esclavos

Yo os saludo ¡oh María! Hija bienamada del Padre Eterno; os saludo ¡oh María!,
Madre admirable del Hijo; os saludo ¡oh María!, Esposa fidelísima de Dios Espíritu
Santo; os saludo ¡oh María!, mi querida Madre, mi amable Señora y poderosa
Soberana; os saludo, ¡mi alegría, mi gloria, mi corazón y mi alma! Vos me
pertenecéis toda por misericordia, y yo os pertenezco todo por justicia. Pero aún no
os pertenezco suficientemente. De nuevo me doy a Vos todo entero en calidad de
esclavo perpetuo, sin reservar nada para mí o para otro. Si veis en mí cualquier cosa
que no os pertenezca, yo os suplico que la toméis ahora, y os tornéis Señora
absoluta de todo cuanto poseo; destruid, desarraigad y aniquilad en mí todo cuanto
desagrade a Dios, y plantad, promoved y obrad en mí todo lo que os agradare.
Que la luz de vuestra fe disipe las tinieblas de mi espíritu; que vuestra humildad

profunda tome el lugar de mi orgullo; que vuestra contemplación sublime detenga
las distracciones de mi dispersa imaginación; que vuestra visión continua de Dios
llene mi memoria de su presencia; que el incendio de la caridad de vuestro corazón
dilate y abrase la tibieza y frialdad del mío; que vuestras virtudes substituyan mis
pecados; que vuestros méritos sean mi adorno y suplemento delante de Dios. En fin,
¡Madre querida y amada! haced si fuere posible, que yo no tenga otro espíritu sino
el vuestro, para conocer a Cristo y su divina Voluntad; que no tenga otra alma sino la
vuestra para alabar y glorificar al Señor; que no tenga otro corazón sino el vuestro,
para amar a Dios con un amor puro y ardiente como Vos.
No os pido visiones, o revelaciones, o deleites, o placeres, ni aún espirituales. Es
privilegio vuestro ver claramente sin tinieblas, deleitaros plenamente sin amargura;
triunfar gloriosamente a la derecha de vuestro Hijo, en el cielo, sin humillación
alguna; dominar absolutamente sobre los ángeles, los hombres y los demonios, sin
resistencia, y en fin, disponer de todos los bienes de Dios según vuestra voluntad, sin
restricción alguna.
He ahí, divina María, la óptima parte que el Señor os dio y que no os será quitada, lo
cual me deleita sobremanera. Por mi parte, no quiero en esta tierra sino lo que Vos
tuvisteis, a saber: creer puramente, sin nada sentir o ver; sufrir alegremente sin
consuelo de las criaturas; morir continuamente a mí mismo, sin treguas; y trabajar
resueltamente hasta la muerte, por Vos, sin interés alguno, como el más vil de los
esclavos. Una sola gracia os pido por pura misericordia: es la de que todos los días y
momentos de mi vida, yo diga tres veces amén:
– Así sea a todo lo que hicisteis en la tierra, mientras en ella vivisteis. Así sea, a todo
lo que hacéis ahora en el cielo. Así sea, a todo lo que obráis en mi alma, a fin de que
en ella sólo Vos estéis para glorificar plenamente a Jesús en mí, en el tiempo y en la
eternidad.
Amén.

Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen
San Luis María Grignion de Montfort

DÍA 19°. En la escuela de María, mujer “eucarística”

En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes, incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios.

La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.

Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. (…)

María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en «tabernáculo» —el primer «tabernáculo» de la historia— donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres,
se ofrece a la adoración de Isabel, como “irradiando” su luz a través de los ojos y la voz de María. (…)

¿Cómo imaginar los sentimientos de María al escuchar de la boca de Pedro, Juan, Santiago y los otros Apóstoles, las palabras de la Última Cena: “Éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros” (Lc 22, 19)? Aquel cuerpo entregado como sacrificio y presente en los signos sacramentales, ¡era el mismo cuerpo concebido en su seno!

Recibir la Eucaristía debía significar para María como si acogiera de nuevo en su seno el corazón que había latido al unísono con el suyo y revivir lo que había experimentado en primera persona al pie de la Cruz.(…)

María está presente con la Iglesia, y como Madre de la Iglesia, en todas nuestras celebraciones eucarísticas.

Así como Iglesia y Eucaristía son un binomio inseparable, lo mismo se puede decir del binomio María y Eucaristía.

Por eso, el recuerdo de María en la celebración eucarística es unánime, ya desde la antigüedad, en las Iglesias de Oriente y Occidente.

En la Eucaristía, la Iglesia se une plenamente a Cristo y a su sacrificio, haciendo suyo el espíritu de María.
Es una verdad que se puede profundizar releyendo el Magnificat en perspectiva eucarística. La Eucaristía, en efecto, como el canto de María, es ante todo alabanza y acción de gracias. Cuando María exclama “mi alma engrandece al Señor, mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador”, lleva a Jesús en su seno.

Alaba al Padre “por” Jesús, pero también lo alaba “en” Jesús y “con” Jesús. Esto es precisamente la verdadera “actitud eucarística” (…)

Puesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio
eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!

Encíclica ECCLESIA DE EUCHARISTIA. Capítulo VI
San Juan Pablo II

Abrir chat
Powered by