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Día 3 – Papel de María en nuestra santificación. P. Carlos Tejedor R.

También Dios quiere que nos santifiquemos por mediación de la Virgen Santísima, dispensándonos todas las gracias a través de sus manos purísimas.

ORACIONES DIARIAS

Veni, Creator Spiritus Ven Espíritu Creador; visita las almas de tus fieles.

Llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo has creado.
Tú llamado Paráclito, don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones; Tú el dedo de la mano de Dios, Tú el prometido del Padre, pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra frágil carne.
Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto tu paz, siendo Tú mismo nuestro guía evitaremos todo lo que es nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre y también al Hijo y que en Ti, que eres el Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre

y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos de los siglos.

Amén.

Ave Maris Stella

Salve, Estrella del mar, Madre que diste a luz a Dios, quedando perpetuamente Virgen, feliz puerta del cielo.
Pues recibiste aquel Ave de labios de Gabriel, ciméntanos en la paz, trocando el nombre de Eva.
Desencadena a los reos, da luz a los ciegos, ahuyenta nuestros males, recábanos todos los bienes.
Muestra que eres Madre, reciba por tu mediación nuestras plegarias el que nacido por nosotros, se dignó ser tuyo.

Virgen singular, sobre todos suave, haz que libres de culpas, seamos libres y castos.
Danos una vida pura, prepara una senda segura, para que viendo a Jesús, eternamente nos gocemos.

Gloria sea a Dios Padre, Loor a Cristo altísimo, y al Espíritu Santo, a los tres un solo honor.
Amén.

DÍA 3°. El Apostolado Laico

El Concilio Vaticano II supo encarar el cambio de los tiempos y la necesidad en la Iglesia de enfrentar los desafíos planteados por la explosión demográfica en muchas naciones, en contraste al control de natalidad en otras, el progreso científico y tecnológico, el adelanto de las comunicaciones y muchas otras novedades inimaginables hace algunos decenios, y que han hecho muy diferente al mundo actual de cualquiera otra era histórica.

En su Decreto Apostolicam actuositatem, el Concilio alertó sobre los “nuevos problemas” que acarreaban tales transformaciones, con evidentes reflejos sobre la misión de la Iglesia. Máxime cuando “la autonomía de muchos sectores de la vida humana, como es justo, aumentó, a veces con cierto distanciamiento del orden ético y religioso, y con grave riesgo para la vida cristiana”. Y advertía: “En
nuestro tiempo surgen nuevos problemas y se difunden gravísimos errores que amenazan con subvertir la religión, el orden moral y la propia sociedad humana”.

Más de cincuenta años después, la sociedad está vaciándose gradualmente de Dios y de Cristo, rodando cuesta abajo hacia el relativismo moral y la corrupción, radicalizados por un desenfrenado hedonismo*.
El Viernes Santo de 2005 resonó en el mundo esta advertencia de quien entonces era cardenal y luego el Papa Benedicto XVI: “La cristiandad, como cansándose de tener fe, ha abandonado al Señor: las grandes ideologías y la superficialidad del hombre que ya no cree en nada y se deja llevar simplemente por la corriente, han creado un nuevo paganismo, un paganismo peor *que el antiguo+ que, queriendo olvidar definitivamente a Dios, ha terminado por desentenderse del hombre. El hombre, pues, está sumido en la tierra.”.

Este mal, que no tiene miramientos con clase social, ambiente o nación alguna, ha ido desvaneciendo la sensibilidad moral y haciendo desaparecer el concepto mismo de pecado, la noción de arrepentimiento y el valor del peso de conciencia. En suma, hoy se vive como si Dios no existiera. Las estadísticas no hacen más que confirmar esta realidad: el porcentaje de fieles que frecuentan la misa de domingo y los sacramentos disminuye a ritmo acelerado.

Frente a esta situación, ¿tenemos derecho a quedarnos parados? ¿Qué es pera Dios de nosotros?
La exhortación final de la Apostolicam actuositatem nos da la respuesta, convocándonos a un gran esfuerzo de evangelización: “El sagrado Concilio pide encarecidamente en el Señor a todos los laicos*
que respondan con voluntad decidida, ánimo generoso y corazón dispuesto a la voz de Cristo –que en esta hora los invita con mayor insistencia– y al impulso del Espíritu Santo. Que particularmente los más jóvenes tomen este llamamiento como dirigido a ellos, y lo reciban con alegría y magnanimidad”.

Editorial Revista Heraldos del Evangelio #31

*Laico: El creyente que no es un clérigo o religioso.
*Hedonismo: Ética que identifica el bien con el placer, especialmente con el placer sensorial e inmediato.

 

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