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Día 30 – Intercesión de la Virgen durante la Comunión

Hasta en la comunión eucarística, en la cual Jesucristo nos visita personalmente, la Virgen tiene un papel importante.

ORACIONES DIARIAS

Ave Maris Stella

Salve, Estrella del mar, Madre que diste a luz a Dios, quedando perpetuamente Virgen, feliz puerta del cielo.
Pues recibiste aquel Ave de labios de Gabriel, ciméntanos en la paz, trocando el nombre de Eva.
Desencadena a los reos, da luz a los ciegos, ahuyenta nuestros males, recábanos todos los bienes.
Muestra que eres Madre, reciba por tu mediación nuestras plegarias el que nacido por nosotros, se dignó ser tuyo.

Virgen singular, sobre todos suave, haz que libres de culpas, seamos libres y castos.
Danos una vida pura, prepara una senda segura, para que viendo a Jesús, eternamente nos gocemos.

Gloria sea a Dios Padre, Loor a Cristo altísimo, y al Espíritu Santo, a los tres un solo honor.
Amén.

Letanías del Espíritu Santo

V. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.R. Señor, ten piedad de nosotros.
Divino Espíritu Santo, óyenos.
Espíritu Paráclito, escúchanos.
Dios Padre Celestial,
R. Ten piedad de nosotros.

Dios Hijo Redentor del mundo, ten piedad…
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad que sois un solo Dios,
Espíritu de la verdad,
Espíritu de la sabiduría,
Espíritu de la inteligencia,
Espíritu de la fortaleza,
Espíritu de la piedad,
Espíritu del buen consejo,
Espíritu de la ciencia,
Espíritu del santo temor,
Espíritu de la caridad,
Espíritu de la alegría,
Espíritu de la paz,
Espíritu de las virtudes,
Espíritu de toda la gracia,
Espíritu de la adopción de los hijos de Dios,
Purificador de nuestras almas,
Santificador y guía de la Iglesia Católica,
Distribuidor de los dones celestiales, ten piedad…
Conocedor de los pensamientos y de las intenciones del corazón,
Dulzura de los que comienzan a serviros,
Corona de los perfectos,
Alegría de los ángeles,
Luz de los Patriarcas,
Inspiración de los Profetas,
Palabra y sabiduría de los Apóstoles,
Victoria de los Mártires,
Ciencia de los Confesores,
Pureza de las Vírgenes,
Unción de todos los Santos,

Sednos propicio,
R. perdónanos Señor.
Sednos propicio,
R. escúchanos Señor.
De todo pecado,
R. Líbranos Señor.

De todas las tentaciones y celadas del demonio, líbranos…
De toda presunción y desesperación,
Del ataque a la verdad conocida,
De la envidia de la gracia fraterna,
De toda obstinación e impenitencia,
De toda negligencia y liviandad de espíritu,
De toda impureza de la mente y del cuerpo,
De todas las herejías y errores,
De todo mal espíritu,
De la muerte mala y eterna,
Por vuestra eterna procedencia del Padre y del Hijo,
Por la milagrosa concepción del Hijo de Dios,
Por vuestro descendimiento sobre Jesús bautizado,
Por vuestra santa aparición en la transfiguración del Señor,
Por vuestra venida sobre los discípulos del Señor,
En el día del juicio,

Aunque pecadores,
R. Te rogamos óyenos,
Para que nos perdones, te rogamos…
Para que te dignes vivificar y santificar a todos los miembros de la Iglesia,
Para que te dignes concedernos el don de la verdadera piedad, devoción y oración,
Para que te dignes inspirarnos sinceros afectos de misericordia y de caridad,
Para que te dignes crear en nosotros un espíritu nuevo y un corazón puro,
Para que te dignes concedernos verdadera paz y tranquilidad de corazón,
Para que nos hagas dignos y fuertes, para soportar las persecuciones por amor a la justicia,
Para que te dignes confirmarnos en vuestra gracia,
Para que nos recibas en el número de tus elegidos, te rogamos…
Para que te dignes atendernos,
Espíritu de Dios,

V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
R. Envíanos el Espíritu Santo.
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
R. Mándanos el Espíritu prometido del Padre.
V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
R. Dadnos el buen Espíritu.
V. Espíritu Santo.
R. Óyenos.
V. Espíritu Consolador.
R. Escúchanos.
V. Envía tu Espíritu y todo será creado.
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos: Oh Dios, que aleccionaste a los corazones de tus fieles con la ciencia del Espíritu Santo, haz que guiados por este mismo Espíritu, apreciemos las dulzuras del bien y gocemos siempre de sus divinos consuelos, por Cristo Nuestro Señor. Amén.

 

Letanías del Santísimo Nombre de Jesús

V. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros
R. Señor, ten piedad de nosotros.
V. Cristo, óyenos.
R. Cristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial,
R. Ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad…
Dios Espíritu Santo,
Santísima Trinidad que sois un solo Dios,
Jesús, Hijo de Dios vivo,
Jesús, esplendor del Padre,
Jesús, pureza de la luz eterna,
Jesús, Rey de la gloria,
Jesús, sol de justicia,
Jesús, Hijo de la Virgen María,
Jesús amable,
Jesús admirable, ten piedad…
Jesús, Dios fuerte,
Jesús, Padre del siglo futuro,
Jesús, ángel del gran consejo,
Jesús poderosísimo,
Jesús pacientísimo,
Jesús obedientísimo,
Jesús, manso y humilde de corazón,
Jesús, que amáis la castidad,
Jesús, que nos amáis,
Jesús, Dios de la paz,
Jesús, autor de la vida,
Jesús, ejemplar en todas las virtudes, ten piedad…
Jesús, celador de las almas,
Jesús, nuestro Dios,
Jesús, nuestro refugio,
Jesús, Padre de los pobres,
Jesús, tesoro de los fieles,
Jesús, buen Pastor,
Jesús, luz verdadera,
Jesús, sabiduría eterna,
Jesús, bondad infinita,
Jesús, nuestro camino y nuestra vida,
Jesús, alegría de los ángeles,
Jesús, Rey de los Patriarcas,
Jesús, Maestro de los Apóstoles,
Jesús, Doctor de los Evangelistas,
Jesús, fortaleza de los Mártires,
Jesús, luz de los Confesores,
Jesús, pureza de las Vírgenes,
Jesús, corona de todos los Santos,
Sednos propicio, perdónanos Señor.
Sednos propicio, escúchanos Señor.
De todo mal, líbranos, Jesús.
De todo pecado, líbranos, Jesús
De tu ira,
De las celadas del demonio,
Del espíritu de la impureza,
De la muerte eterna,
Del desprecio de tus inspiraciones,
Por el misterio de tu santa Encarnación,
Por tu nacimiento,
Por tu infancia,
Por tu santísima vida,
Por tus trabajos,
Por tu agonía y pasión, líbranos, Jesús
Por tu cruz y desamparo,
Por tus angustias,
Por tu muerte y sepultura,
Por tu resurrección,
Por tu ascensión,
Por la institución que hiciste de la Sagrada Eucaristía,
Por tus alegrías,
Por tu gloria,
V. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,
R. Perdónanos, Jesús.
V. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,
R. Escúchanos, Jesús.
V. Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,
R. Ten piedad de nosotros, Jesús.
V. Cristo, óyenos.
R. Cristo, escúchanos.
Oremos: Señor Jesús que dijiste: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; toquen y se les abrirá. Te suplicamos que nos concedas los afectos de tu divino amor, a fin de que podamos amarte con todo el corazón, palabras y obras, y nunca dejemos de alabarte.
Permite, Señor, que tengamos temor y amor por igual a tu santísimo Nombre, pues no dejas de gobernar a quienes consolidas en la firmeza de tu amor. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

Oración de San Agustín

Tú eres, ¡oh Cristo!, mi Padre santo, mi Dios misericordioso, mi rey poderoso, mi buen pastor, mi único maestro, mi mejor ayuda, mi amado hermosísimo, mi pan vivo, mi sacerdote por la eternidad, mi guía hacia la patria, mi luz verdadera, mi dulzura santa, mi camino recto, mi Sabiduría preclara, mi humilde simplicidad, mi concordia pacífica, mi protección total, mi preciosa herencia, mi salvación eterna.

¡Cristo Jesús, Señor amabilísimo! ¿Por qué habré deseado otra cosa en mi vida fuera de Ti? ¿Dónde estaba yo cuando no pensaba en Ti? Deseos todos de mi corazón, inflámense y desbórdense desde ahora hacia el Señor Jesús; corran, que mucho tardaron ya; apresúrense hacia la meta, busquen al que buscan.

¡Oh Jesús! ¡Anatema el que no te ama! ¡Rebose de amargura quien no te quiera!
¡Dulce Jesús, que todo buen corazón dispuesto a la alabanza te ame, se deleite en
Ti, se admire ante Ti!
¡Dios de mi corazón y porción mía, Cristo Jesús! Que desfallezcan los alientos de mi pecho y vivas Tú en mí, y se enciendan en mi espíritu las brasas vivas de tu amor, creciendo hasta convertirse en fuego perfectísimo; que éste arda siempre en el altar de mi corazón, hierva en mis entrañas e incendie lo íntimo de mi alma, para que en el día de mi muerte me presente ante Ti consumido por tu amor.
Amén.

DÍA 30°. “O Sacrum Convivium”

Imaginémonos a una persona que hubiese presenciado, extasiada, los milagros con los que Nuestro Señor Jesucristo demostró su divinidad: aquí la multiplicación de los panes y los peces; allá la curación de un paralítico; acullá el caminar sobre las aguas en el mar de Galilea y más aún la resurrección de
muertos, como la hija de Jairo, el hijo de la viuda de Naim o Lázaro, que ya llevaba cuatro días en el sepulcro…

Y hubiese oído las palabras del Maestro, desbordantes de divina sabiduría, con las que enseñaba y atraía a las multitudes — “El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró” (Mt 13, 45-46);
“Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios” (Mt 5, 8).

Alguien, en definitiva, que hubiese convivido con Él, testigo de esa infinita bondad reflejada en su mirada, en el tono de su voz, en la manera como decía: “Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado” (Mt 9, 22); “Vete, no peques más en adelante”(Jn 8, 11); o aún: “Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el Cielo” (Mt 10, 32).

Alguien que, al ver como Jesús se elevaba hacia los Cielos el día de la Ascensión, podría haberse sentido profundamente desconcertado y haberse preguntado: ¿Y ahora todo ha acabado? ¿Los hombres —por quienes el Señor se encarnó y murió en la cruz— y esta tierra —cuyos caminos fueron surcados por sus divinos pies, cuyas aguas lo bañaran, cuyas brisas lo acariciaran— no podrán nunca más convivir con Él?
Si es normal que el corazón se oprima ante la ausencia de un ser querido, ¿qué decir con relación a Dios mismo? Así, el firmamento, la naturaleza, el género humano, quizás hasta los ángeles, todo imploraba porque Nuestro Señor no se apartase de los hombres. “Quédate con nosotros” (Lc 24, 29) —esta súplica de los discípulos de Emaús representaba el ruego de todo el universo creado.

De parte de Jesús también existía el deseo de no separarse jamás de aquéllos con los que había condescendido en contraer una relación especial. El amor del Creador por sus criaturas es infinitamente mayor que el de éstas para con Dios. Él deseaba, por lo tanto, quedarse con nosotros. Pero, ¿cómo se
obraría esa maravilla?

Ni los ángeles ni los hombres juntos conseguirían encontrar la solución hallada. Únicamente el Hombre Dios podría haber imaginado la Sagrada Eucaristía. Sólo Él podría realizar tal milagro para nosotros, y con un amor inmenso, hasta el punto de ansiar la hora en que pudiera hacerse realidad: “He deseado
ardientemente comer esta Pascua con vosotros antes de mi Pasión” (Lc 22, 15) —les confidenció en la Sagrada Cena.

La fiesta de Corpus Christi viene a conmemorar ese incomparable don hecho a nosotros, esa mística
convivencia con el propio Jesús, colmando de méritos nuestra fe, cuando nuestros ojos contemplan aquel pan y vino consagrados, pero que en realidad, substancialmente, son el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Redentor. Él Penetra en nuestro interior para aconsejarnos, reconfortarnos y
santificarnos. En una palabra: para convivir con nosotros.

Editorial de la Revista Heraldos del Evangelio # 71

* Oh Sagrado Banquete (Santa Misa).

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